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¿Ideología o pragmatismo nuclear en Catalunya?

Carlos Chica analitza els desafiaments i contradiccions de la planificació elèctrica a Catalunya per aconseguir una transició energètica eficient en la lluita contra el canvi climàtic

Autor: Carlos Chica
Membre de la Comissió d’Aigua, Energia i Medi Ambient

El cambio climático (CC), resultado de la emisión de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera, representa el mayor desafío global y urgente que enfrenta la humanidad. La mayoría de los gobiernos del mundo se comprometieron, a través del Acuerdo de París en 2015, a mantener la temperatura por debajo de 1,5 ºC respecto al nivel preindustrial y a gestionar la necesaria transición energética. Sin embargo, recientemente, debido a las tendencias geopolíticas, EE. UU. se ha desvinculado de este compromiso. La lucha en todos los países contra el CC se centra en la reducción o captura de estos gases, especialmente el CO₂, mediante la descarbonización de los principales sectores emisores: transporte, industria, energía y doméstico, etc.

En esta transición energética, el sector energético catalán se ve afectado por dos planificaciones: la estatal PNIEC (Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, actualizado en 2023 con horizonte a 2030) y la autonómica PROENCAT (Prospectiva Energètica de Catalunya, 2050). Estas planificaciones gubernamentales suelen tener un poso ideológico, unas luces cortas dictadas por los votos y, a largo plazo, presentan grandes e ilusionantes objetivos, pues el papel todo lo aguanta. Por lo tanto, la mejor manera de evaluar si avanzamos en la dirección y con la velocidad correcta es comparar estas planificaciones con la realidad pragmática de los datos.

Desde la perspectiva de la producción eléctrica, el balance catalán de 2023 (44.500 GWh de producción para satisfacer la demanda) revela que, a grandes rasgos, el 22 % de la electricidad se genera a partir de combustibles fósiles que producen GEI: ciclos combinados de gas (13 %), cogeneración (8 %) y residuos no renovables (1 %). En contraste, la producción de energía que no emite GEI representa un 64 %: nuclear (50 %) y renovables —hidráulica, eólica y solar— (14 %), además de un saldo importador eléctrico del 14 %, prácticamente equivalente a la energía renovable. Esta producción se logra (sin considerar autoconsumos) con una potencia instalada que se distribuye principalmente entre ciclos combinados de gas (3.780 MW), nuclear (3.147 MW), hidráulica (1.922 MW), eólica (1.376 MW), cogeneración (962 MW) y solar fotovoltaica (352 MW).

Este balance real debe confrontarse con la planificación eléctrica que propone, para 2030, un 81 % de energía renovable en la generación eléctrica a nivel estatal, y la PROENCAT catalana, que sugiere alcanzar 12.000 MW de potencia instalada en fotovoltaica y eólica para cubrir la demanda. Además, auspiciado por los gobiernos, se prevé el cierre de los grupos nucleares de Ascó I (1.032 MW) en 2030, Ascó II (1.027 MW) en 2032 y Vandellós (1.087 MW) en 2035.

Las planificaciones eléctricas a 2030, incluidas las de redes de transporte y distribución, no contemplan el cierre de las mencionadas centrales nucleares, que son cruciales para el abastecimiento eléctrico catalán y desempeñan un papel significativo en la economía y el desarrollo industrial al garantizar un suministro eléctrico estable y confiable. Por lo tanto, en un horizonte de cinco años, la ciudadanía catalana puede plantearse dos preguntas:

Primera: ¿Seremos capaces de aumentar de 1.376 MW eólicos a los 5.000 MW planificados y de 352 MW solares a 7.000 MW para satisfacer los futuros consumos de infraestructuras de agua (desaladoras, regeneradoras…), del eje mediterráneo vial y férreo (puntos de recarga de automóviles…), reindustrialización, centros de datos, bombas de calor, producción de hidrógeno, etc.?

Segunda: ¿Cómo sustituir los 3.147 MW de las nucleares, que representan el 25 % de la potencia total instalada en Catalunya y producen 23.400 GWh/año, aproximadamente la mitad de la energía consumida?

Es fundamental responder a estas dos preguntas si queremos mantener un nivel de seguridad eléctrica similar al actual, evitar el encarecimiento de la electricidad y hacerlo de manera sostenible.

En cuanto a la primera pregunta, en los últimos años, el ritmo de construcción de potencia eólica y solar ha sido inferior a los 100 MW/año, lo que requeriría aumentar esta cifra a 2.000 MW/año, un objetivo poco realista en las actuales condiciones de desarrollo de las energías renovables en Catalunya, a pesar de la prometedora eólica marina. Los trámites administrativos de autorización son largos y complicados, lo que añade inseguridad jurídica para los inversores, además de una notable oposición a la instalación de las infraestructuras necesarias por parte de administraciones locales y particulares.

Respecto a la segunda pregunta, la sustitución de las centrales nucleares por parques solares o eólicos, consideradas tecnologías más adecuadas para combatir el cambio climático, requeriría una potencia aproximada de 12.000 MW, junto con las infraestructuras de almacenamiento y redes de conexión necesarias para proporcionar la mitad de la energía de Catalunya con la misma calidad actual.

Por otro lado, no es sostenible responder a estas dos preguntas mediante la instalación de ciclos combinados de gas, ya que esto aumentaría las emisiones de GEI, en contra del Acuerdo de París, y encarecería la factura eléctrica de hogares e industrias, afectando su rentabilidad. Sería útil aprender de las lecciones del cierre nuclear en Alemania, donde se ha evidenciado un aumento en las tarifas eléctricas y un gran incremento de las emisiones de GEI debido a la dependencia de recursos de gas y carbón, lo que ha incrementado su huella de carbono.

Ante este incierto panorama, existen otras vías de solución que abordan cuestiones simples: si no se produce suficiente energía para el desarrollo industrial y para sustituir la energía que dejarán de producir las centrales de Ascó y Vandellós, se puede recurrir a la importación de energía de zonas vecinas. Sin embargo, esta posible solución se ve obstaculizada por la negativa de la administración autonómica a interconectarse con la zona de Aragón mediante líneas de transporte, como ha manifestado recientemente al rechazar tres propuestas de interconexión planteadas por la iniciativa privada. No obstante, la creación de este tipo de líneas ayudaría a establecer una red más interconectada y estable, beneficiando la calidad del suministro eléctrico en Cataluña. Esta solución no es nueva; en el siglo pasado, para paliar el déficit eléctrico catalán derivado de su industrialización, se recurrió a líneas de transporte para aprovechar la energía hidroeléctrica del Pirineo oscense y del río Ebro en su tramo zaragozano.

También es importante considerar la extensión de la vida útil de Ascó y Vandellós hasta que se alcancen los niveles requeridos de energía renovable que permitan su cierre. En este sentido, el sistema eléctrico catalán está al borde de la saturación. Ante la parada imprevista de la central de Ascó en varias ocasiones en 2024, se tuvo que activar el último recurso (SRAD, o Servicio de Respuesta Activa de la Demanda) para restablecer el equilibrio de la red, no incrementando la producción de las centrales generadoras, sino desconectando industrias, principalmente electrointensivas, para disminuir la demanda.

Es crucial superar la ignorancia, o peor aún, la indiferencia, y tomar conciencia inmediata del problema de la energía eléctrica y su planificación en Cataluña, para plantear una transición hacia las energías renovables sin sobresaltos. Se requiere una reacción rápida y aprender la lección que se extrae de otro recurso fundamental como el agua: ha sido necesaria una sequía que ha provocado cortes y restricciones para considerar de manera pragmática la construcción de infraestructuras que mitiguen los efectos nocivos sobre la sociedad catalana. ¿Habrá que esperar a que se produzcan grandes apagones?

En este contexto, la Comisión de Agua, Energía y Medio Ambiente se ha centrado en considerar aspectos que mitigan los efectos del cambio climático, como las sequías, analizando las infraestructuras necesarias para reducir sus impactos, la gestión de riesgos de inundaciones provocadas por “danas” y crecidas fluviales, y la erosión del mar en las playas y el litoral catalán, consecuencia de la aceleración del aumento del nivel del mar por el calentamiento global. Sin embargo, en el ámbito eléctrico, no se mitigan los efectos del cambio climático, sino que se lucha contra él de la manera más eficaz: descarbonizando la producción de energía por todos los métodos posibles y evitando la emisión de gases de efecto invernadero, con un objetivo difícil pero alcanzable a largo plazo, como sería acercarse al 100% de energías renovables, esperando que los avances científico-técnicos permitan disponer también, en el futuro, de energía nuclear de fusión.

La ciudadanía espera ser convencida por las administraciones de que las soluciones propuestas son pragmáticas, realizables y que priorizan el bienestar común por encima de otros objetivos. La respuesta clara, coherente y transparente de las administraciones competentes a las dos preguntas planteadas debería conducir a un consenso social sobre una planificación eléctrica adaptada a la realidad, con un estudio de sus consecuencias, lejos de la polarización política existente, demostrada en el último debate parlamentario, que distorsiona el objetivo final: luchar contra el cambio climático.

Como acciones inmediatas, se debería considerar la urgente transposición de la normativa comunitaria para acelerar y simplificar los procedimientos de autorización de proyectos de energías renovables, que tendría que haberse realizado a mediados del año pasado. Esto respaldaría una acción didáctica y persuasiva que las administraciones deberían iniciar para que los ciudadanos abandonen posiciones egoístas de querer todos los beneficios sin ningún sacrificio, demostrando que la transición energética es beneficiosa para la sociedad al comparar los costes extraordinarios derivados de las catástrofes climáticas, tanto económicos como en vidas humanas.

Fotografía: ©Xavier Jubierre. Central nuclear d’Ascó.

Una resposta

  1. Articulo muy realista que los políticos debieran tomar nota si efectivamente se preocupan de los problemas reales de la ciudadanía. Vincula el cambio climático exclusivamente a la actividad humana lo cual no está totalmente demostrado

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